lunes, 24 de marzo de 2014

CIENCIA Y CONCIENCIA DE LA FUNCIÓN PÚBLICA.



La función pública, entendida como el conjunto de profesionales que sirven a la Administración Pública para asegurar el interés general y aplicar o ejecutar las políticas públicas bajo la dirección del Gobierno, requiere, por una parte, cualificación suficiente para el desarrollo de su actividad (ciencia) y, por otra, compromiso ético con el servicio público (conciencia). Han de darse juntamente ambas condiciones para que podamos contar con una función pública de calidad, que suponga un elemento que aporte fortaleza a una sociedad democrática.

Profesionalidad y ética pública son los principios que, de manera preferente, defiende esta Asociación como señas de identidad de la función pública, lo que podríamos definir también como ciencia y conciencia. No bastan el conocimiento –la mera capacitación técnica- y la ejecución eficaz de tareas, si no van acompañados del sentido ético que requiere el correcto desempeño de las tareas y responsabilidades propias de cada servidor público, todas ellas necesariamente presididas por el interés general, el respeto a la legalidad y la garantía de los derechos de los ciudadanos.

Ciencia, profesionalidad, eficacia, mérito y capacidad requieren una estrategia en materia de personal que, hoy por hoy, no vemos en el grado necesario en nuestra Administración Pública. Ni los sistemas de selección ni los procedimientos de provisión de puestos de trabajo ni los planes de formación ni los criterios de racionalización y calidad de la actividad administrativa están suficientemente orientados a asegurar y estimular el perfeccionamiento constante de los servidores públicos para permitir el cumplimiento de objetivos en la gestión pública. La situación debemos abordarla y transformarla de manera obligada, pues la progresiva desprofesionalización de la función pública –resultado de unas deficientes políticas de personal- priva a los servidores públicos de su valor esencial, el mérito o la ciencia.

Conciencia, compromiso, voluntad de servicio, integridad y conducta ética son rasgos distintivos del personal de las Administraciones Públicas que deben acompañar a su preparación profesional. Aplicar buenas técnicas a buenas metas, poner el mejor conocimiento posible al servicio del interés general, desarrollar la mejor disposición para alcanzar objetivos y asegurar la legalidad y respetar el derecho de los ciudadanos son contenido esencial de las pautas que han de guiar la conducta profesional de los servidores públicos. Tampoco, en este ámbito, existen medidas decididas para reforzar el deber ético propio de quienes se ocupan de los servicios públicos, elementos fundamentales de cohesión de nuestra sociedad.

Conocer las técnicas y procedimientos de gestión –y asegurar la actualización y el perfeccionamiento de dichos conocimientos con unas adecuadas herramientas de formación continua, de las que hoy no se dispone- y potenciar los valores éticos propios del servicio público –con una infraestructura adecuada que refuerce la integridad del conjunto de los empleados públicos y moralice no solo a los individuos, sino también al conjunto de la organización-, es decir, impulsar ciencia y conciencia de los servidores públicos es lo que esta Asociación propone y reclama al defender los principios de profesionalidad y ética pública establecidos en sus estatutos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...



Ciencia y conciencia debiera ser el binomio de toda profesión, pública o privada.

Anónimo dijo...

Desgraciadamente parece ser que no es el objetivo de los responsables políticos. Animo!