viernes, 24 de mayo de 2013

Y AHORA, ¿QUÉ?



¿Qué pasos podemos dar para modificar el insatisfactorio estado de cosas en la Administración Pública? Cuando reflexionamos sobre objetivos que necesariamente hemos de acometer, tras el previo esfuerzo de definición, es ineludible dar paso a la acción, a la iniciativa, es decir, al esfuerzo y al trabajo, pues nada cambia a mejor por sí solo. Todo estudio y todo aprendizaje, y también toda empresa con cierto grado de exigencia, requieren sumar el esfuerzo y el empeño de muchos días y de muchas personas.

Es posible que, en estos momentos, la Administración cuente con la oportunidad de hacer cambios que en otras circunstancias resultarían inabordables. Sería lamentable que, por falta de claridad de ideas o de voluntad, por la ausencia de apoyo político decidido y de compromiso de los empleados públicos, esta oportunidad se malograse.

Es momento oportuno para simplificar y racionalizar estructuras administrativas y para reducir drásticamente el conglomerado empresarial creado por el anterior Gobierno de Aragón. Ahora cabría dotar a los Departamentos de equipos humanos dirigidos al rediseño, al análisis, a la formación, a la profesionalización, al impulso de la calidad y de la atención a los ciudadanos y no solo a la gestión burocrática rutinaria.

La mala gestión de los recursos humanos, claramente identificada en el reciente informe sobre el empleo público en la Administración autonómica elaborado por el Justicia de Aragón, debiera ser una de las preocupaciones fundamentales si el Gobierno de Aragón tuviese clara su responsabilidad en materia de función pública.

Habría que poner fin a la carencia de liderazgo político interno, de dirección de personal, y a la incomunicación dentro de la Administración. ¿Dónde están los mecanismos de información y de participación de los profesionales en las estrategias de recursos humanos? ¿Qué opciones estratégicas se barajan para el diseño de la Administración del futuro? ¿Existe hoja de ruta o estamos simplemente a merced de las circunstancias y de las inercias?

La denuncia es necesaria, pero no es suficiente. Debemos impulsar una Administración mejor, pero sin dejar de hacer pública nuestra denuncia frente al incumplimiento reiterado de la legalidad y frente a la arbitrariedad política. Ese qué que nos planteamos, qué hacer, qué proponer, ha de ser el resultado de un compromiso previo por construir una Administración y una función pública plenamente al servicio de la democracia y de los ciudadanos. La dinámica de compromiso es la que nos irá marcando, cada día, nuevos pasos a dar, nuevos objetivos a alcanzar.

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