miércoles, 13 de julio de 2011

CALIDAD INSTITUCIONAL O CALIDAD DE GOBIERNO: ALGO SUSCEPTIBLE DE SER MEDIDO.

Los estudiosos de la sociedad y de la cosa pública parecen coincidir en la siguiente apreciación: una buena administración pública y, en general, lo que se entiende por “calidad de gobierno” es una cuestión central para explicar el éxito o fracaso de una sociedad en cualquier tipo de dimensión. Y aún se añade que, si se está interesado en mejorar el funcionamiento de nuestras instituciones democráticas y apuntalar los valores de civismo democrático, la primera medida a impulsar es la de intentar construir calidad de gobierno, algo que puede concretarse, entre otras cosas, en la consolidación de una burocracia meritocrática.

La calidad democrática o de gobierno, como ha quedado bien de manifiesto con las protestas del 15M, no es una preocupación exclusiva de países emergentes o en vías de desarrollo, sino también de democracias avanzadas como las de los países de la Unión Europea. España, Portugal y Francia pierden posiciones en el ranking mundial. Grecia e Italia retroceden de forma más acusada. Otros países, recientemente incorporados a la Unión Europea, como Rumanía y Bulgaria, pero también Eslovaquia o Letonia, presentan signos de de muy baja calidad de gobierno. En suma, estamos ante un problema que no es ajeno a la Unión Europea, y que debiera preocuparnos seriamente.

El alcance de la crisis económica que viven, de forma especialmente aguda, diferentes países europeos y que amenazan la zona euro no está tampoco desligado de la cuestión de la calidad de sus instituciones políticas. De forma poco reflexiva, la política se ha subordinado a meros objetivos económicos, creyendo que los resultados económicos justifican cualquier decisión política, aunque se contravengan principios esenciales del gobierno democrático como el imperio de la ley o la defensa del interés general.

La constante erosión que han venido sufriendo la Administración Pública y la función pública, como si su actividad fuese una rémora para el desarrollo económico y la oportunidad de negocio que buscan los emprendedores –a los que parece que hay que ofrecer todo tipo de apoyos y facilidades, como si el lucro fuera el único fin a perseguir o el valor social de mayor relevancia-, parece ceder ante la convicción creciente de académicos y líderes políticos de que una burocracia profesional es uno de los principales factores que contibuyen a la calidad de gobierno. Como alguien ha venido a formular con rotunda claridad: “Quizás es tiempo de redecubrir la burocracia” (Johan Olsen). A ello añadiríamos nosotros la necesidad de que los servidores públicos redescubran los valores que justifican su función y que los legitiman socialmente, como son la integridad y la imparcialidad en el servicio al interés general.

Al igual que el Banco Mundial ha venido aplicando desde hace más de una década una serie de indicadores mundiales de buen gobierno, demostrando que el nivel de buen gobierno incide directamente en el desarrollo de los países, creemos que sería deseable, como ya se ha impulsado en algunos países respecto a sus administraciones territoriales, el realizar un seguimiento adecuado de la calidad institucional o buen gobierno de las diferentes Comunidades Autónomas. Hay que identificar factores relevantes definitorios del buen gobierno y someter a análisis a nuestras instituciones públicas, porque sin duda su calidad es mucho más importante para nuestro futuro que las pruebas de solvencia a las entidades financieras. Debemos saber, de forma objetiva, cuál es el curso que institucionalmente llevan las diferentes Comunidades Autónomas en eficacia de gobierno, transparencia, imperio de la ley, calidad normativa o prevención y control de la corrupción.

Es bueno medir todo aquello que pretendemos mejorar, para poder constatar progresos o para detectar, a su debido tiempo, los alarmantes retrocesos que podamos sufrir. Aquí en Aragón llevamos doce años en que se ha querido identificar la parte con el todo, haciéndonos creer que la estabilidad política era sinónimo de buen gobierno y de progreso. Nadie ha medido, sin embargo, esos pretendidos logros en materia de buen gobierno, pero los deficits democráticos de estos años están claramente a la vista de todos. Uno de ellos, particularmente evidente, ha sido señalado por una reciente sentencia del Tribunal Constitucional, por la que se anulan determinados acuerdos de la Mesa de las Cortes de Aragón de abril de 2009 por vulnerar el derecho fundamental de petición. Casualmente, el ejercido por esta Asociación.

Esta cuestión, sobre la que habremos de volver en nuevas notas de blog y en próximas iniciativas de la Asociación, ocupará un lugar central en el documento de propuestas de buen gobierno y buena administración que se prepara con motivo de la nueva legislatura.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Johan P. Olsen (born August 14, 1939) is a Norwegian political scientist. He was a professor at the University of Bergen and member of the Norwegian Research Council. He established ARENA (Advanced Research on the Europeanization of the Nation State) in 1994.He was Research Director at ARENA for many years, and is now professor emeritus.

Olsen is one of the developers of the systemic-anarchic perspective of organizational decision making known as the Garbage Can Model. He is a prominent thinker and writer on a wide variety of topics, such as new institutionalism and Europeanization.

Alfonso dijo...

Absolutamente de acuerdo salvo en un punto: no creo que los "líderes políticos" -a diferencia de los investigaddores- "crean" (porque ellos suelen moverse en el terreno de las creencias más que de lo racional) que deben profesionalizar la función pública. Si así fuera, ¿por qué no han dado ni un solo paso en ese sentido?¿por qué la nueva estructura departamental, anunciada por Luisa Fernanda Rudi en su discurso de investidura, responde a pactos en lugar de a una racionalidad técnica, apareciendo departamentos diminutos junto a algún otro enorme?

Saludines.